jueves, 18 de junio de 2015

II.

“Quiero una pureza clásica, 
donde la porquería sea porquería 
y los ángeles sean ángeles”.
Henry Miller


Los antropólogos deberían tratar de dilucidar

la obsesión por la limpieza del hombre moderno:

esa extraña histeria de la esterilización,

el morbo por lo impoluto,

la atracción desquiciada que supura desde lo inmaculado;

el culto por las camisas planchadas.


Alguien tendría que escribir literatura

sobre el vicio occidental por la higiene,

por esa indecente devoción al quirófano

cuando el tugurio y la porquería son

el estado natural de las cosas que pertenecen

a este mundo.


Alguien debería explicarles

a todos esos fetichistas del pH neutro

que hay más pureza en una gota de lefa

resbalando por los labios

que en todas las atmósferas protectoras

de los envases que recubren sus alimentos.


Alguien debería hacerles entender

a esos yonkies de la profilaxis

que los mejores frutos crecen

en tierras abonadas con mierda;

que la pureza no huele a lejía,

que en el fango también hay belleza.


Él bien lo sabía.




Poema publicado en Obituario en homenaje a Henry Miller.

viernes, 8 de mayo de 2015

Incendio



“Y cabe la posibilidad
de que te vuelva a encontrar
en algún incendio”
McEnroe.

La verdad es que no hay mucho más que decir.


Ven,

ábrete una cerveza

y sube conmigo a la azotea

a ver como arde Europa.


Te dejo un hueco.

miércoles, 6 de mayo de 2015

El estado de la cuestión



He estado leyendo a poetas que murieron jóvenes

y a otros que aún siguen vivos.

He leído historias sobre cucharas quemadas,

picos de heroína y gente follando totalmente drogada.


Supongo que por toda esa mierda murieron aquellos poetas jóvenes.



El caso es que lo que cuentan los poetas vivos

tampoco parece muy alentador.



lunes, 6 de abril de 2015

Contra el suelo



Mientras que el impacto

me hace romper la luna del coche con el cráneo,

me pregunto cuántos metros hay que recorrer

rozándose contra el asfalto,

hasta que la carne quemada

deje ver los huesos.


Parece que no es fácil recordar

que el final siempre fue inminente

para el conductor temerario.

Primero será la tela de los pantalones

y en cuestión de segundos:

llegará el olor de la carne pasada.


Si hubieses sido tú,

habría belleza en este cuerpo reventado contra el suelo.

Pero estos pulmones aplastados son los míos,

de la misma forma que el reguero de sangre

que se extiende, solo ratifica

que todos los rituales necesitan sacrificios.

martes, 31 de marzo de 2015

Coño



Renegaré del poema que hable

de bocas y faldas,

de cuellos y vestidos,

de lencería y pintalabios.

Yo quiero hablar del coño,

sin edulcorante ni ornamento.

Quiero desear el Coño.

Tu coño o el coño que deseas,

el coño de tu hermana,

de tu madre, de tu prima.

Un coño y todos los coños.

Quiero aprehender el coño,

saborear el coño,

entrar en el coño

y conocer todos sus secretos.