miércoles, 1 de septiembre de 2010

La ciudad

La ciudad es el refugio del anonimato,

las caras detrás de las ojeras se reservan

el sustantivo, las arrugas, el calendario;

Los cines y los teatros son el arrebato

de mis ojos de cristal y montura que observan,

por serenos pasos de cebra al lobo estepario.



Los coches rezan el insulto y el abecedario

al parpadeo del semáforo, a la duda

de un peatón (corbata negra y maletín de cuero),

que mira como grita la aurora su rosario,

con la garganta rota, una voz peliaguda;

piensa en el frío de su cartera bajo cero.



La vida vuelve a casa por el largo sendero,

por el camino a su calvario de disimulos

y horarios, por las manillas del reloj que esperan

volver a ser importantes para el usurero

que es el tiempo, cuando noble absuelve con sus bulos

mis dedos tiernos, que por arañarlo se esmeran.

miércoles, 18 de agosto de 2010

¿Quién?


¿Quién será aquel diablo que partió la luna en dos?
¿Quién será el que bebe del deliro adolescente
y desnuda las curvas de asfalto derretidas
por la energía nuclear del cuarto creciente?

¿Qué sueña el maníaco que piensa en atracar
los bancos de los parques burlando entre los mimos
y las estatuas humanas los ojos de  Dios?

domingo, 25 de julio de 2010

Lo Sublime


Lo sublime: imposible, incuestionable...
Es el latido, el trueno, la milésima
Del rayo, el arañazo en una espalda
Desnuda, la humedad del dulce orgasmo,
El origen, el llanto, el infinito
Universo, las células, los átomos.

Lo sublime: ilegible, incomprensible...
Es el verso, el amor, la enfermedad,
La piedad de Caín, la furia, el odio,
El oído de Beethoven, la música
Los golpes de corchea, la utopía
Roja, el ilustre reino de los cielos,
La voz, lo cotidiano, el pensamiento,
La patria, las banderas, los colores
De todo el mundo, el fondo del asunto.

Lo sublime: intangible, incombustible...
Es la vida en la flor, la juventud,
La luz, la luna llena, la menguante,
Los amantes, la muerte, la ceguera,
Los ojos, las pestañas, los saludos,
El punto sin final y los adioses.

jueves, 10 de junio de 2010

Morder, pero sin herir.

El esperpento acecha a las cerillas,
Para usar sólo en caso de algún juego
Peligroso que pueda encender fuego,
Después de que se apaguen las bombillas.

Entra en las dulces llamas a hurtadillas,
Prende una, mira arder, entre los ruegos
De tus paños mojados, tu fuerte ego.
Tu realidad endulza mis mejillas.

Clava los alfileres de sus ojos
En los viejos ojales en desuso
De tu blusa. Los gruesos hilos rojos

De sus labios se quieren dividir
Y valiente, salir deja a su lengua,
Dispuesta a morder, pero sin herir.

miércoles, 9 de junio de 2010

El jardín de edén, de las delicias, del cementerio


Los jardines de niñas con vestidos
Blancos y zapatitos de princesa,
Con la edad pasan tras la tela espesa
Del hábito y el cilicio inadvertidos,

O tornan avenidas y abatidos,
Observan como gatos en la mesa
A la dulzura en busca de una presa,
Para su sinfonía de maullidos.

Los íntimos secretos del jardín
De las delicias bajan y pisan
Unas cuerdas astutas del violín,

Que rompe en el silencio una copita
Del sonido abatido del serrín,
De las teclas del piano de la iglesia.