lunes 19 de marzo de 2012

Doce versos para un perfume



Este es el perfume que siempre había querido oler. 

Y a mí me huelen los sueños a pólvora que arde endiablada 

por el cauce seco de las arterias, 

a tendones rotos que se desmembran como Ravaillac, 

como el camino que hizo su filo por los músculos del rey. 

Huelen a huesos quemados que han sido descosidos 

de sus carnes fermentadas por unas manos rugosas, 

de corteza de árbol muerto, pero expertas 

en escalpelos, cisuras y cerillas. 

Huelen a azufre que llena poco a poco los pulmones 

de ciénagas Estigias sin Carontes, 

de Eneas y Virgilios completos de infiernos y tragicomedias, 

vacuos de despertar del tormento acompañado.

lunes 5 de marzo de 2012

De navaja y nácar



Escuece la mirada 

cuando la ventana divide el blanco 

y flotan las motas de polvo 

en suspensión, como lámparas de araña 

colgadas desde el techo, 

o diminutos ojos de pez 

ahorcados con hilo de pescar. 

Pero cae el día cuando 

corta esta lluvia plateada 

hecha de filos de navaja y nácar. 

Corta las cuerdas de todos los ahorcados 

que, cuerpo a tierra, se precipitan 

y quedan como perros tumbados 

a un sol que se liquida. 

Corta la lluvia todas las manidas lámparas arácnidas 

que se desploman hacia el suelo estrepitosas, 

la carne cruda del recuerdo, 

la cruda calma de un domingo 

donde parece no pasar más que la misma nada.

viernes 24 de febrero de 2012

Entre tantas palabras



Entre tantas 

palabras yo tuve 

que elegir 

precisamente

estas.

miércoles 15 de febrero de 2012

Caverna



No será la luna colgada del Olimpo 

la que dé fuego al juego de sombras 

que decoran, como pinturas de sangre, 

la caverna esclavizada de los ojos. 

No llegarán las manos a moldear 

el jugo vivo de las Formas. 

Sino que de cara a una pared enmudecida, 

serán los mismos platos rotos los que caigan, 

dejando el eco distorsionado de lo sensible 

hecho añicos, a nuestras espaldas. 

Apenas por los recovecos de una puerta, 

como en la intuición de unos párpados cosidos, 

entrará tenue una luz 

traída desde Delfos por Apolo.

viernes 3 de febrero de 2012

Cuaresma



No hay peor cuaresma 

que la del gélido rojo de los semáforos 

que juegan a pares o nones por la madrugada, 

ninguna peor que la que atraviesa 

los cimientos de las ciudades por los sumideros, 

que la de la impotencia de los andenes desolados. 



No hay peor cuaresma 

que la de la frialdad de las sábanas frías, 

la de la cal en unos labios desollados, 

ninguna como la de la sequía 

de los árboles desvestidos, huérfanos de la piel 

que les dan las fiestas de la primavera. 



No hay peor cuaresma 

que la de la terrible ausencia de la carne, 

que la de la bofetada del deseo descrita en cada carta, 

ninguna como los cuatrocientos kilómetros, 

como cuatrocientos golpes 

que me separan del mar antes de los carnavales.

viernes 20 de enero de 2012

Todo lo imperecedero es mera alegoría


Todo lo imperecedero es mera alegoría.
Y los poetas mienten demasiado.
F. Nietzsche


Cae sobre el suelo de enero 

el manto espeso 

de aquel que miró 

las arrugas de la belleza 

y comprendió 

que el tiempo 

hace de lo bello, 

lo sublime.

martes 3 de enero de 2012

Hipotética autobiografía póstuma (escrita en vida)



Conozco de la sangre derramada 

el color del vino en los manteles 

y sé que la muerte es el último verso 

que firman todos los poetas 

-quizá, prefiera pensar que el resto 

de los hombres la escriba en prosa- 

Al pensar en ríos, se me viene a la cabeza 

aquel río de constante fluir 

nombrado por Heráclito, que sin duda, 

desemboca en el Mediterráneo 

a la sombra de los naranjos, 

o quizá, algo más al sur, rozando los recuerdos. 

Si me tengo que quedar con una sola palabra, 

diría ‘Verdad’ y no miento si afirmo 

que la prefiero setenta veces siete 

si esta escrita en griego antiguo. 

A la hora de elegir un dios, 

rezaría sin dudar al de Spinoza 

y a su infinito mapa de Aquel 

que es todas Sus estrellas 

como dijo Borges -aunque quizá 

este tampoco me sería un mal dios- 

Si nacionalidad me pidieran, 

juraría la bandera roja 

de las sábanas que cercan 

los contornos de tu cuerpo, 

sabiendo a ciencia cierta 

que son tierra de nadie.